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El Mayo Francés se convirtió en una verdadera revuelta sociocultural que influyó en muchos otros países europeos y reunió a millones de personas a pertenecer a un grupo en el que arte y cine estaban muy presentes a la hora de servir como inspiración y difusión.

Uno de los muchos jóvenes que en ese momento veía con gran esperanza una revolución fue el cineasta Jean-Luc Godard. Influenciados en un contexto histórico por las teorías marxistas-leninistas y maoístas, Godard declara en la película La Chinoise (1967) la necesidad de una revolución en el arte y en la sociedad.

El séptimo arte le sirvió al genio cinematográfico para explicar todo el pensamiento marxista-leninista, la necesidad de una lucha en dos frentes, la demanda de la unidad de la política y el arte, el contenido y la forma, un acto necesario que al mismo tiempo alabase la libre expresión creativa.

La Chinoise se estrenó en un momento de cambio y revolución, cuando los realizadores estaban comenzando a rechazar la propuesta de la Nouvelle Vague y se oponían a proyecciones impuestas por la Cinematheque francesa. Se trata de un filme de culto, cuyo género se enmarca en el ensayo, desarrollada prácticamente en su totalidad en un pequeño departamento parisino, donde un grupo de jóvenes se reúnen para planear la revolución mientras estudian día y noche la ideología maoísta, marxista-leninista y cuestionan su papel dentro de la sociedad.

Bajo las paredes de un departamento de clase media alta burguesa, los jóvenes exponen ideas, debaten, leen el Libro rojo de Mao. Incluso algunos se muestran más violentos en cuanto a ideas revolucionarias y uno que otro conflicto —en la batalla de ideas son habituales— surge espontáneamente.

La Chinoise destaca sobre todo por alejarse de las reglas de la industria cinematográfica francesa y cuenta con atributos que rompieron paradigmas: imposición de letreros, cortes bruscos, falsos fundidos a imagen, personajes que hablan directamente a la cámara, metacine: una película dentro de la propia película (guiño de ojo al sello shakesperiano), la voz en off del propio Godard, quien interroga a los personajes; música sin concordancia entre las escenas y silencios devastadores que hacen que prestes total atención a los diálogos. En sí, La Chinoise de Godard reinventa varios aspectos del lenguaje cinematográfico imperante en la época. No sólo su temática es revolucionaria, sino su estética, su propuesta visual y discursiva dentro de los linderos del cine.

Con esta película el director francés consigue llevar al extremo la idea de transmitir pensamiento por medio del cine, en el que las ideas son las verdaderas protagonistas del relato e incluso a transformar a los personajes política y socialmente. La Chionoise de Godard es una invitación a la reflexión y al debate, una mirada alterna a la revolución paralela producida en la China de Mao Tse Tung, que provocó verdaderos actos violentos, desconocidos para muchos de los franceses que simpatizaron con la causa.

 

Fuente: culturacolectiva.com