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Usar nombres propios en vez de números o términos técnicos evita confusiones y, a su vez, facilita que las alertas sean divulgadas. Cada año los huracanes se organizan en orden alfabético alternando nombres femeninos y masculinos.

Harvey, Irma, Katrina, Andrew: los nombres de los huracanes no están puestos porque sí. La idea es que sirvan para facilitar la divulgación de alertas de manera más sencilla que con una denominación técnica y hay un grupo de científicos que una vez por año se sientan a una mesa para revisar las listas que alterna masculinos y femeninos, en orden alfabético. En Ginebra, Suiza, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) es la encargada de bautizar a los huracanes.

La práctica de dar nombres de personas fue introducida por Clement Lindley Wragge, un meteorólogo australiano a finales del siglo XIX. Usaba nombres femeninos, nombres de políticos que le disgustaban, o también nombres de la historia y la mitología.

Antes de 1950, en Estados Unidos, los huracanes eran identificados por medio de las latitudes y longitudes, pero este sistema era confuso cuando había más de dos huracanes suscitándose uno cerca del otro.

De 1950 a 1953, se usaron nombres del Alfabeto Fonético Aeronáutico. Después este sistema volvió a cambiar como respuesta a la necesidad de realizar comunicaciones que no se relacionaran con barcos o aviones. La práctica de nombrar sistemáticamente a las tormentas tropicales y huracanes fue iniciada por el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos. Más tarde esta tarea fue llevada a cabo por la Organización Meteorológica Mundial.

Para seguir con la costumbre del idioma inglés, los nombres usados eran exclusivamente femeninos. La primera tormenta del año era asignada con la letra “A”, la segunda con la letra “B”, etc. Sin embargo, dado que estos fenómenos naturales son básicamente destructivos, algunas personas consideraron esta práctica como sexista.

La Organización Meteorológica Mundial respondió a esta protesta en 1979 con la introducción de nombres masculinos.

También ese mismo año se inicio la costumbre de preparar listas de nombres antes del inicio de la temporada de huracanes.

Cada región tiene una dependencia diferente encargada de escoger los nombres. Los nombres en la región atlántica, son usualmente de origen inglés, francés o español.

En 2014, un estudio de la Universidad de Illinois afirmó que los huracanes con nombres de mujer eran más letales que aquellos con nombre masculino. Los científicos analizaron las cifras de muertes causadas por huracanes en Estados Unidos durante más de seis décadas y concluyeron que las tormentas con nombre de mujer mataron a casi el doble de personas. No es que sean más potentes que los que tienen nombre de hombres: lo que aparentemente sucede es que los ciudadanos perciben a los huracanes “femeninos” como más inofensivos o débiles y no toman las precauciones necesarias para enfrentarlos, señala la investigación.